Bajo El: Esquirlado Cielo De Esc Helena Pinen ...

—Mantén los ojos en el rastro, muchacho —gruñó la voz de Elara a través del comunicador—. Si una de esas esquirlas cae mientras estás distraído, no quedará ni el polvo de tus huesos para enterrar.

—Resina —susurró Elara, acercándose con el extractor listo—. Pero mira el color, Kaelen. Esto no es normal. Bajo El Esquirlado Cielo De Esc Helena Pinen ...

Kaelen ajustó la válvula de su respirador mientras caminaba por la duna de sílice. Cada paso sonaba como cristales rotos bajo sus botas de cuero reforzado. Sabía que no debía mirar hacia arriba por demasiado tiempo; el "esquirlado" tenía una forma hipnótica de fracturar la cordura de los hombres, proyectando visiones de futuros que nunca sucederían o pasados que dolían demasiado recordar. —Mantén los ojos en el rastro, muchacho —gruñó

Elara caminaba unos metros por delante, su capa andrajosa ondeando en un viento que no movía la arena, sino que vibraba en los dientes. Eran buscadores de "eco-resina", la única sustancia capaz de sellar las brechas en las cúpulas de la ciudad subterránea. Esc Helena Pinen era un cementerio planetario, pero para los supervivientes, era una mina de oro y muerte. Pero mira el color, Kaelen

De pronto, el cielo emitió un crujido ensordecedor. Una de las enormes placas de cristal negro se desprendió, girando sobre sí misma como una guillotina celestial. Kaelen se lanzó al suelo, cubriéndose la cabeza. El impacto no produjo una explosión, sino un silencio absoluto que succionó el sonido de la llanura durante cinco segundos exactos.

Kaelen comprendió entonces que el cielo esquirlado no era una barrera, sino un espejo roto de lo que el mundo fue, y que cada pieza que caía era un recuerdo que Esc Helena Pinen intentaba devolver a la tierra, pedazo a pedazo, aunque en el proceso los matara a todos.

Cuando el sonido regresó, Kaelen se levantó, temblando. Donde antes había una duna, ahora había un tajo perfecto en el suelo, y dentro de la grieta, algo brillaba con una luz dorada y espesa.